El martes día 8 de julio un poco antes de las 12 de la noche (hora española) Alemania acababa de infringir a Brasil su mayor goleada en contra en la historia de la Copa del Mundo (1-7), dejándola, tras haber encajado 5 goles en el primer tiempo a la altura de Zaire y Haiti... y todo ello en casa. Yo creo que en ese momento a muchos de los que nos apasiona la historia del fútbol comenzamos a entender, realmente, lo que supuso aquella dramática derrota en 1950 ante Uruguay tantas veces relatada.
Pero pensándolo fría y detenidamente aquella derrota en Río de Janeiro fue eso, nada más y nada menos, que una derrota. El empate bastaba a Brasil para ser campeón, pero se perdió. Punto final. Sin embargo, el partido del martes en el estadio Mineirao de Belo Horizonte no fue el último: Alemania humillaba a Brasil y lo dejaba sin la final deseada y soñada y sumido en una profunda tristeza para afrontar el partido por el tercer y cuarto puesto ante Holanda. Y ahí está la tragedia de hoy: ¿cómo afrontar el reto? ¿Siendo valiente? ¿Atacando, por orgullo y vergüenza torera como suele decirse?; y ¿si ocurre esto?. Holanda tiene menos que perder y saldrá al terreno de juego siendo consciente del estado anímico de los locales. ¿Defendiendo y esperando atrás y que el partido se convierta en la continuación de la semifinal del miércoles?... a los que van a silbar no son a los holandeses, precisamente. Y todo ello para conseguir un tercer puesto que no aliviará las penas de ningún equipo, pero del brasileño menos...
Y, por si esto fuera poco, todavía no habrá terminado el sufrimiento para Brasil... porque mañana tendrán que escoger entre animar a los que te han humillado en tu propia casa o aguantar que tu rival histórico de toda la vida gane "tu" mundial. En el fútbol moderno los acontecimientos suceden rápido y la gente se suele decantar por "los males menores" y no tengo duda de lo que hará la torcida brasileña. El único consuelo que sí tienen, pienso, es confiar en que el joven brasileño (sí, ese que todos estamos pensando) dentro de cuatro años en Rusia 2018, sea capaz, como ocurrió con Pelé ocho años después del Maracanazo, de devolver a la canarinha a lo más alto de la historia del fútbol.
Y lo de organizar otro mundial en casa será para pensarlo, por lo menos, dos veces...

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